Recuerdo cada mañana al despertar, la oscuridad de mi hogar forjado por tiras de cartón y lamina. Mi cuerpo frío y hambriento, mis labios resecos…
Mis despertares sin energía, con el estómago vacío pues los bocados se repartían entre mis hermanos y mi madre. Mi padre se había ido de casa desde que la guerra inició. Mis pies nudos rozan las piedras del pavimento cuando salgo en busca de agua o de un juego entre amigos que no han vivido mejor que yo.
Mis sonrisas se han visto sumergidas en tristezas, amenazas, pero al mismo tiempo se asoma una esperanza, ilusiones… los días pasan y cada vez son más pesados, mi vida se reduce a un circulo de inconciencia que ha carcomido a la sociedad y mis ganas de buscar la salida se van terminando.
Hace tres días mamá me dio un arma, para protegerme. Pero ¿qué puedo hacer con 10 años de existencia y un arma que ha de terminar con tantas vidas e inclusive con la mía?. Las carencias y las injusticias han llevado a mi pueblo a revelarse ante las supuestas autoridades. Las mujeres temen por sus hijos y agachan la cabeza. Los hombres de las casas han ido en busca de una nueva vida a las fronteras. No sabemos si existe el retorno de estos.
Ha pasado un buen tiempo y mi mano se ha moldeado a un rifle, he cambiado los juegos entre arena y charcos por los tiros en el bosque, las persecuciones y la constante lucha. Mi pueblo esta cansado, sediento de justicia, hambriento de una libertad y enfermo de guerra.
¿Qué si quiero seguir así?, tantas veces he querido escapar, irme lejos dejando atrás todo, las riñas constantes y las muertes de seres inocentes. La falta de pan y el frío congelando mis huesos, mi alma, mi lucha… No me atrevo, sería tan fácil huir de la misma forma en que lo hacen los contrarios. Qué caso tendría la lucha que he comenzado sin que me preguntaran si estaba o no de acuerdo, pues he nacido y crecido en medio de la guerra y si mis brazos y piernas se rinden puede que siga así, pero si mi corazón se rinde, moriré en vano…